Colombianos
admin Enero 4th, 2010
Esto dijo el armadillo
agarrados con un mayor
los colombianos somos parias
cuando vamos al exterior.
A manera de introducción
Los colombianos somos producto de una mezcla interracial, derivada de la irrupción violenta de los conquistadores españoles, de la presencia milenaria de nuestros indígenas, y de la inmigración forzada de los africanos, quienes fueron cazados como animales en sus aldeas tribales, luego traídos y vendidos a los señores esclavistas, después de largas e inhumanas travesías en barco, en las cuales millones perdieron sus vidas.
Somos un pueblo heredero de las virtudes y de los defectos derivados de esta presencia pluricultural. Los conquistadores españoles no siempre aportaron lo mejor de la cultura europea a los pueblos conquistados y sojuzgados. No podemos olvidar que muchas enfermedades fueron traídas por ellos a estas tierras de ultramar, además del despojo, saqueo y muerte que produjeron en las comunidades indígenas.
África aportó la sencillez , la calidez humana de sus habitantes y la riqueza cultural de sus ancestros.
Nuestros indígenas aportaron sus riquezas materiales, su fuerza de trabajo y toda su cultura milenaria. Sobra decir que muchos de ellos se opusieron valientemente a la acción salvaje y genocida de los conquistadores, marcando el camino de la rebeldía popular, que aún hoy sigue teniendo vigencia.
Duele hoy presenciar a nuestros indígenas, sometidos a la mendicidad pública en las calles de nuestras principales ciudades, fiel reflejo de una raza y de un pueblo que ha sido pisoteado en su dignidad y perdido su espíritu de lucha, salvo contadas excepciones.
A continuación procuraremos ubicarnos en la realidad latinoamericana, comentando paralelamente aquellos elementos que se constituyen en vicios y virtudes que nos caracterizan.
Colombia está geográficamente ubicada en el centro de lo que fuera el imperio colonial español, promediando todo lo que fue característico del proceso geopolítico, económico y social hispanoamericano entre los siglos XV y XIX.
Colombia fue la nación que hizo el mayor aporte y el mejor aprendizaje de la guerra de independencia en el continente suramericano, dado que soldados colombianos combatieron en Venezuela, Ecuador y Perú.
Colombia es Caribe, hace parte del Pacífico, es Andina y es Amazónica. De todo esto, y de unos componentes raciales indígenas, negros y blancos, Colombia deriva de un fuerte mestizaje, sobre todo en el plano cultural.
Los colombianos somos exageradamente críticos con nosotros mismos, pero sin trascender hacia la búsqueda de soluciones radicales sobre nuestra compleja problemática socio-económica y política.
Los colombianos somos muy veloces en reaccionar, muy ágiles en debatir, muy cautos en decidir y excesivamente lentos en emprender a fondo decisiones colectivas. Somos cortoplacistas, pero esta urgencia de resultados no se refleja en la construcción de procesos unitarios que nos lleven a encontrar salidas a las tradicionales carencias e injusticias.
Las inercias de nuestro pueblo son aprovechadas por la clase dominante, quien se vale de diversos distractores ideológicos y de la maquinaria estatal para fortalecer su tradicional dominio, lo que la convierte en la más estable de la región, pese a los grandes escándalos que involucran a sus dirigentes e instituciones públicas y privadas.
Los colombianos nos preciamos de una tradición de legalidad, que no necesariamente lo es de derechos ni de la justicia. Con todo, al lado del discurso civilista, existe una propensión aguda hacia las armas, hacia la violencia, derivada de la no satisfacción de necesidades básicas fundamentales, lo que se expresa en la tradicional injusticia social y en las diversas formas represivas que implementa el Estado en procura de la defensa y conservación de los privilegios de la casta dominante.
Colombia lleva más de 200 años de conflictos, declarados o sin declarar, casi ininterrumpidamente, lo que ha producido un gran desplazamiento hacia los centros urbanos, especialmente hacia Bogotá, la capital. Esto hace que Colombia sea un país urbano, en una proporción del 78%. El 22% restante de la población se ubica en sectores semi-rurales y en zonas campesinas, porcentaje que tiende a decrecer en la medida que se incrementa la violencia y se concreta una contrarreforma agraria, la cual busca favorecer monopolios privados, tanto nacionales como extranjeros.
En Colombia se impone una colección abrumadora de diversidades, derivadas de su carácter pluricultural y racial. Existe una variedad de regiones: Caribe, Andina, Pacífica, los llanos orientales, la selva amazónica sur oriental, representando cada una un país distinto en lo humano, lo económico, lo cultural. Todo esto genera una gran riqueza folclórica, artesanal, cultural pero, a la vez, impide construir y fortalecer procesos de unidad e identidad popular en torno a un proyecto de Nación.
¿Cómo somos?
A continuación nos referiremos a los defectos y virtudes como nos quieren caracterizar, de los cuales se habla adentro y afuera de nuestras fronteras. Se ha generalizado un esterotipo negativo del colombiano, en donde se resalta lo siguiente:
Defectos
Los colombianos son corruptos
En su afán de sobrevivencia, el colombiano promedio acude al “rebusque”, lo que lleva a caracterizarnos como un pueblo con tendencias delincuenciales, siendo la corrupción una de sus principales características.
El “cómo voy yo ahí”, el miti-miti, el serrucho y muchos otros vocablos se han acuñado en nuestro país para definir las distintas formas de chanchullos que se practican.
Pero, sin duda, la clase política es la mayor involucrada en casos de corrupción, dando origen a sonados escándalos como el de la Parapolítica, la Yidispolítica, la repartición de notarías, Agro Ingreso Seguro, y muchos más, los cuales, luego de la conmoción inicial, no trascienden dada la manipulación de la mentira generalizada, el manejo mediático de los medios de comunicación y de las encuestas parcializadas, con lo cual se busca favorecer al gobernante de turno y a sus tradicionales aliados.
En cuanto a sobornos, Colombia es líder en Latinoamérica: el 93% de los colombianos ha pagado un soborno por el trámite de alguna diligencia de carácter público o privado.
Las cifras lo dicen : Colombia es un país corrupto en una sociedad corrupta.
Los colombianos son desunidos
Esta afirmación es real, tanto afuera como dentro del país. Esto se deriva de la desconfianza mutua que nos caracteriza. Los estigmas del narcotráfico, la violencia , las crecientes formas delincuenciales , la corrupción y las diferentes maneras de comportarnos llevan a profundizar esa desunión, agravada con un alto grado de insolidaridad, especialmente entre los sectores populares. Actitud contraria se observa cuando, desde estos mismos sectores, se expresan actos de apoyo, simpatía y de solidaridad hacia elementos y situaciones de la clase dominante, producto de la manipulación , de la mentira oficial y de la ofensiva ideológica de los medios de comunicación, todos ellos propiedad de esa misma clase dominante, empotrada en el poder desde sus inicios como nación.
El fomento de prácticas regionalistas también incide en la tradicional desunión, desconfianza y prevención hacia otros sectores de la población.
Los colombianos son narcotraficantes
La mayoría de la cocaína que se ofrece ene le mundo, se procesa en Colombia, lo que lleva a que los colombianos hayamos adquirido la fama de narcotraficantes. Esta es una realidad dolorosa y cruel, que mucho incide en los altos niveles de corrupción y de violencia predominantes. Desafortunadamente, la tradicional carencia de fuentes de empleo llevó a muchos compatriotas a participar en todas las etapas del proceso del narcotráfico: cultivo, recolección, producción y distribución, con su secuela de guerras internas, y con la profundización de la injerencia imperialista de los EE.UU. so pretexto de combatir al narcotráfico y al terrorismo.
Según cifras de las Naciones Unidas, Colombia es el país responsable por el cultivo del 62% de coca en el mundo. Más de 60 mil familias derivan su sustento del cultivo de coca, a lo cual se han visto obligadas por el tradicional abandono del Estado, que prioriza la inversión para la guerra, mas no así para la inversión social productiva.
Colombia, además, es el tercer productor mundial de amapola, de la cual se extrae la heroína, siendo superada por Afganistán y Birmania (hoy llamada Myanmar).
Se puede afirmar que Colombia es una nación narcotizada, algo que ha sido de público conocimiento, mucho antes de la irrupción de Pablo Escobar en el negocio del narcotráfico. No se puede olvidar la alta producción de marihuana, inicialmente, desde la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se ha producido la variedad “Colombian Golden”, muy apreciada por los antiguos “Cuerpos de Paz” gringos, en la década del 60.
Y ni qué decir del elevado consumo de alucinógenos en todo el país, sin distinción de clases o estratos sociales, lo que incrementa los índices delincuenciales y de violencia .
Los colombianos son violentos
Colombia no ha participado directamente en las guerras mundiales; no se ha involucrado en guerras religiosas, ni se ha enfrentado en conflictos prolongados con sus vecinos latinoamericanos. Sin embargo, la fama de que Colombia sufre una violencia endémica desde que se constituyó en nación, es una idea generalizada y aceptada a nivel nacional e internacional.
Los colombianos tenemos fama de violentos. Si se toman cifras históricas, desde 1.810, cuando empezaron las guerras de independencia hasta el conflicto actual, en Colombia han muerto más de 10 millones de personas. Todo un período de nuestra historia del siglo XX se conoce con el nombre de “La Violencia”. En todos los colegios de nuestro país se aprende que los conservadores y liberales se asesinaron mutuamente de manera brutal, haciendo el “corte de franela”, o mutilando al adversario con sevicia. Hoy se habla de la motosierra como instrumento de mutilación de los paramilitares, y de la asfixia de los “enchuspados” de las oficinas de cobro de los narcotraficantes, además de la violencia que implementa el Estado contra los luchadores populares.
En Colombia se ha especializado tanto la actividad criminal, a lo largo de cientos de años, que ya ningún crimen ejercido por los particulares, las bandas paramilitares, los narcotraficantes y las fuerzas armadas del Estado estremece lo suficiente, generándose en casi todos los ciudadanos una sensación de pasividad, indiferencia, indolencia , insolidaridad y resignación, a excepción de organismos defensores de los Derechos Humanos, quienes, por sus denuncias constantes, también padecen violencia y persecución por parte de agentes del Estado, ejecutores de la denominada “Seguridad Democrática”, engendro que pretende perpetuarse en la nación, y que buscan prolongar en el tiempo y en el espacio los candidatos oficialistas a la presidencia de la República, en el supuesto caso que el actual presidente no pueda acceder a su segunda reelección.
Al homicidio, hay que sumarle otras formas de violencia, como el desplazamiento forzado. Según la ACNUR (Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados), el número de desplazados se calcula en cerca de cinco millones de personas, esto como secuela del terrorismo de Estado y paraestatal; de igual manera, crece el número de desaparecidos. A ello se suma la violencia cotidiana y la violencia intrafamiliar, la cual crece en la medida que se deterioran las condiciones materiales de existencia de las familias.
Colombia es uno de los países más violentos del mundo, tal como lo perciben propios y extraños. Es una verdad que duele, pero por eso no deja de ser cierta y evidente, circulo vicioso del cual es difícil escapar, máxime si continua imperando la injusticia social y si se cierran todas las puertas para un diálogo que busque la solución política al conflicto social y armado que desangra nuestra patria.
Virtudes
Como contraposición a los elementos negativos como nos caracterizan, justo es también decir que :
Los colombianos somos muy trabajadores
Pese al tradicional y creciente desempleo, Colombia se destaca por tener una de las cifras más altas de trabajadores subempleados(45%). La inestabilidad laboral, los bajos salarios y la escasa oferta de empleos contribuye a que los colombianos, en su gran mayoría, se vuelvan recursivos para garantizar su sobrevivencia.
Según una encuesta del DANE, los colombianos empiezan a trabajar desde muy jóvenes. El 14.5% de los niños entre los 5 y los 17 años de edad, está vinculado a alguna actividad laboral informal en las áreas de agricultura, comercio, industria y servicios.
La ley del “rebusque” es algo que hace parte de nuestra idiosincrasia, como un recurso al que se apela para tratar de remediar la carencia de empleo y la inoperancia del Estado en tan delicado asunto. No se puede olvidar que el desempleo es generador del delito, la corrupción y la degradación moral de la población.
Los colombianos somos echados pa´delante.
Esto quiere decir que los colombianos no nos varamos, que “no nos la dejamos montar”.
Esta afirmación es cierta, en parte, aunque el “no dejársela montar” es algo que sólo se expresa en agresividad hacia los iguales, mas nunca hacia los explotadores y la casta gobernante, que siempre echa mano de todos sus recursos represivos para desconocer derechos y aplastar a quienes levanten su voz exigiendo vida digna y justicia social.
Pese a que en Colombia faltan muchas oportunidades educativas y laborales, los colombianos se vuelven recursivos e ingeniosos cuando se trata de buscar la sobrevivencia. Lo que aparentemente es virtud, se convierte en algo negativo. La resignación, el conformismo, el adaptarse fácilmente a situaciones de carencia, se convierten en talanqueras, que en muy poco contribuyen al desarrollo de procesos liberadores y de cambio social estructural.
Los colombianos somos serviciales y hospitalarios
Es común oír que una vez los extranjeros superan el temor de venir a Colombia, se encuentran con gente hospitalaria y servicial. Es la actitud de quien se considera inferior a los extranjeros, o hace gala de una baja autoestima. Esta actitud, que tiene mucho de servil, está en contravía de la agresividad, desconfianza, desunión e insolidaridad que se da entre los propios compatriotas.
Es bueno saber que de los colombianos que poseen empleo, el 73% trabaja en el área de servicios, lo que explica , en parte, dicha actitud.
Ojala tanto espíritu de servicio y de hospitalidad nos permita generar procesos concientes de unidad y solidaridad de la clase popular.
Hacia dónde debemos ir
Se dice que ser colombiano es un acto de fe, porque no tenemos una clara identidad. Las oligarquías detentadoras del poder, se preocuparon por construir un despiadado aparato estatal de sometimiento, pero no ha sido capáz de construir una identidad nacional, siempre han sido élites dependientes de amos extranjeros y carecen de una propuesta de sobranía. En Colombia pesan más las identidades regionales y nos corresponde a los revolucionarios construir una propuesta de nación.
Somos conocedores de nuestros defectos y de nuestras virtudes. Si a esto le agregamos el deseo ferviente por la búsqueda de nuestra unidad e identidad nacional; el conocimiento real de quiénes son los verdaderos culpables de la miseria, la violencia , la exclusión y la marginalidad social, estaremos listos para generar procesos de Unidad, de Organización y de lucha popular, pilares fundamentales en la necesaria búsqueda de nuestra liberación nacional y social. Es la hora de despertar del letargo embrutecedor en que nos tiene sumidos la casta oligárquica. Combinando las virtudes que nos caracterizan y nuestra tradicional mentalidad de lucha, estaremos dando pasos firmes y ciertos hacia la construcción de la patria libre, justa y soberana que todos nos merecemos.
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