El secreto de Artrópolis

admin Octubre 17th, 2009

spidFábula

Esto dijo el armadillo
debatiendo con las hormigas
cuando los de abajo se escuchan
pueden vencer sus enemigas.

En una ciudad Estado creada por los artrópodos vivían los insectos, los cangrejos y las arañas.

Las abejas y las hormigas, las más numerosas, se enfrentaban a veces por las flores almibaradas o por uno que otro cogollo.

Esta mayoría no gustaba de los cangrejos por lentos y acomodados.

Tampoco tenían simpatía por las arañas, temidas como chupasangres y por sus redes traicioneras.

Pese a estos conflictos cotidianos, la comunidad de Artrópolis vivió feliz, hasta que un día la invadieron los sapos y las serpientes, arrasando sus colonias y devorando todo ser que se les cruzaba por el camino.

Ante tan grande amenaza, las arañas llamaron por aparte a los sapos y les propusieron un pacto, consistente en que no las atacaran y ellas a cambio, atraparían los insectos en sus redes y partirían las presas con ellos.

Todo funcionó bien hasta que los sapos comenzaron a no dejar ni siquiera un bocado para las arañas.

Preocupadas por tal incumplimiento, las arañas exigieron una explicación a los sapos, quienes les reconocieron, que ellos a su vez debían entregar la mayor parte de las presas a las serpientes, las que poseídas por un voraz apetito, se habían vuelto insaciables y no había volumen de comida capaz, por grande que fuera, de saciarles el hambre.

Ahora para completar la ración, las serpientes habían comenzado también a engullir sapos.

Gracias a su coraza, los cangrejos eran los únicos que lograban escapar a tal depredación, por lo que permanecían impasibles ante el dolor, que padecían el resto de pobladores de Artrópolis.

Acostumbradas a trabajar en comunidad y por su gran número, tanto las abejas como las hormigas creían, que ellas solas serían capaces de hacer retroceder a los rapaces depredadores, que amenazaba con extinguir a Artrópolis y a toda la cultura desarrollada a partir de ella.

Vanos fueron sus intentos por liberarse, dado que alternadamente tanto las abejas como las hormigas se creían las más sabias y las más fuertes, desconocían a los demás y a la vez les exigían que siguieran sin chistar, las instrucciones que impartían en la lucha contra los depredadores.

Ante tan lamentable desperdicio de esfuerzos liberadores, se reunieron las reinas de las abejas y de las hormigas, para tratar de encontrarle solución a tan enconada disputa intestina.

Sentadas estaban en el salón sagrado del palacio del Oráculo, cuando por encima revoloteó una gran mariposa de Muzo, hasta que se posó al lado de ellas y de sus alas azul tornasol, bajó brincando una pulga diminuta.

Majestades, no se gasten el cerebro Ustedes dos solas, les dijo con vocecita chillona, reúnan a todos los ciudadanos de Artrópolis y que sean ellos quienes digan qué debe hacerse para conquistar la libertad de la nación.

¿Cómo te atreves a decirnos lo que debemos hacer? Respondieron al tiempo, las dos reinas.

No se trata de llevarles la contraria, por el gusto de hacerlas rabiar, les contestó la pulguita, lo que ocurre es que el Oráculo, por medio mío les envía un mensaje.

Uno de los zánganos que hacía de paje en este encuentro real, sin que le pidieran su opinión, se entrometió y con ironía expresó, ¡si el mensaje es del tamaño de la mensajera, también será insignificante!

Precisamente ese es el error, anotó la pulga, creer que la sabiduría es un don exclusivo de los encumbrados y a la vez considerar a la sociedad, como a un menor de edad.

La abeja reina recriminó al entrometido y atraída por las palabras de la pulga, le pidió que continuara informándolas de lo dicho por el Oráculo.

Majestades, este es el Secreto del Oráculo de Artrópolis, terminó diciendo la pulga, si a la sociedad se le motiva a participar en la solución de los males nacionales y se compromete con ella, libera una inmensa energía transformadora, ante la cual no quedará problema sin resolver.

¿Por qué hasta ahora se nos revela este Secreto? Apuntó la reina de las hormigas.

Todas las generaciones de mis antepasados, respondió la pequeña pulga, han intentado inútilmente transmitir este Secreto, pero una vez este llega a oídos de los encumbrados, estos, ni lo difunden ni lo aplican, para no perder el monopolio que tienen, de pensar y decidir por los demás.

Moraleja

“Cuando se requiera saber cuál ha sido el desarrollo de la democracia en un determinado país, se debería comprobar si ha aumentado no en el número de aquellos que tienen derecho a participar en las decisiones que le afectan, sino los espacios en que pueden ejercer este derecho”.

Dice Norberto Bobbio en El futuro de la democracia.

Una Respuesta en “El secreto de Artrópolis”

  1. Ingrid el 05 Ene 2010 a las 5:42

    Muy buena publicación, p’alante que en Colombia todavía no existen aún esos derechos!!!!

    Bolivarianamente.

Trackback URI | Comments RSS

Ingrese un comentario