Los floreros de LLorente
admin Julio 30th, 2009
Esto dijo el Armadillo
aprendiendo la lección
al pueblito lo maltratan
hasta que estalla en rebelión.
“Al día siguiente, el virrey fue puesto preso junto con la virreina, el pueblo se llevó al virrey a la gendarmería y a la virreina la llevaron en medio de insultos a la cárcel del divorcio, que era la cárcel de mujeres; eso no fue bien visto por los miembros de la Junta Suprema de Gobierno, consideraron que era una medida drástica y por orden de Camilo Torres y de otros miembros de la Junta, fueron liberados y vueltos a palacio, pero ya estaban destituidos. El 15 de agosto son deportados primero a Cartagena y más tarde a España. Acabando así con el virreinato”.
Si usted pasa por Bogotá, Colombia, no olvide pasar por la Casa del Florero y cuando esté allí, recuerde que esta antigua casona, ha sido escenario de dos hechos históricos, ambos de enorme trascendencia para nuestro país y la democracia en el mundo: la patriótica jornada que conocemos como el grito de independencia de nuestro país y la ignominiosa actuación del estado en cabeza de sus fuerzas armadas que utilizó este sagrado recinto como mazmorra de tortura, detención y desaparición en los trágicos sucesos del palacio de justicia en 1986.
Esta contradicción del escenario como símbolo de independencia y libertad y al mismo tiempo como símbolo de opresión e ignominia, es la característica misma del modelo de poder que se impone en nuestro país desde la conquista; un modelo que se reproduce gracias a los intereses personales y egoístas de los gobiernos que hacen juego a los intereses foráneos que se perpetúan en su doble moral de “fomentar el desarrollo, la civilización y el progreso” pero que esconden de manera bastante bien montada, la voracidad de sus apetitos sobre nuestras riquezas.
Esta es la dualidad que ponen en evidencia los “floreros de llorente”; la misma dualidad que muestra hoy otro florero: el del destape de la utilización de las notarías por parte de los hijos del presidente Uribe, para hacer su negocio más redondo, los llamados por la prensa como “los pobres y humildes hijos trabajadores, que se ganan la platica con sus ventas de artesanías” como nos quiso hacer creer su padre en los comienzos de su reinado.
Pero, así como el florero de Llorente se convirtió en el detonante de las luchas de liberación en el país, así también, la historia de hoy tiene un acumulado de razones que le permitirán al pueblo desencadenar su proceso de liberación, autonomía y soberanía en el momento mismo en que sea capaz de quitarse la venda que le han puesto en los ojos. Y el día está cerca y el presidente Uribe y todos los que han manejado los hilos de poder opresor en este país, saben y presienten que se les acaba su cuarto de hora y los hombres y mujeres que hemos estado y animado los procesos de resistencia, a costa de muchas renuncias, de ver caer a nuestros compañeros, amigos, familiares, de el riesgo de perder la vida, de ser judicializados, estaremos ahí para verlo.
“Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de 12 horas, seréis tratados como insurgentes, ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan.” JOSE ACEVEDO Y GOMEZ. El Tribuno del Pueblo.
El acta de la independencia
Una vez instalada la Junta Suprema, durante las horas finales de la tarde, la noche del 20 de julio y el amanecer del 21 de julio de 1.810, se redactó el acta que se conoce con el nombre de Acta de Independencia.
En dicha acta, se hace mención entre otras cosas:
1. Se depositaba en la Junta Suprema el gobierno del reino, interinamente; mientras la misma Junta formaría la Constitución, que lograría afianzar la felicidad pública, contando con las nobles provincias a las que se les pedirán sus diputados, este cuerpo formará el reglamento para elegirlas; y tanto este reglamento, como la Constitución de Gobierno, deberá formarse sobre las bases de la libertad e independencia, ligadas únicamente por un sistema federativo, cuya representación deberá residir en esta capital para que vele por la seguridad de la Nueva Granada.
2. Se le empieza a quitar la autoridad al virrey, y se le da a la Junta Suprema, que está compuesta por criollos, mientras se establece una constitución.
3. Se habla por primera vez de una constitución que alcance la felicidad pública, que involucre a todo el pueblo, que tenga en cuenta el elemento de elección democrática
En el acta se dice: “Que protesta no abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo en otra persona que la de su augusto y desgraciado monarca don Fernando VII.” Pedían que el rey viniera a gobernar entre ellos, algo que de antemano se sabía no podía ser, puesto que estaba preso, y porque ni siquiera reinaba en España. Quedaba entonces, el gobierno sujeto a la Suprema Junta de Regencia existente en la península y sobre la Constitución que dé al pueblo.
El nexo con la Junta de Regencia fue discutido, ahí se podía decir que no había un ánimo de independencia; se dieron cuenta que de un momento a otro, no podían romper los vínculos del pueblo con el monarca, considerado una víctima ante los ojos de la gente. El reconocimiento de la Junta de Regencia origina en el seno mismo de la Junta Suprema una división, denominada regentista y anteregentista; una corriente liberal que era partidaria de desconocer la Regencia, y el otro sector conservador de la Junta, que era partidario de mantener el título de la Regencia.
El acta del 20 de julio es realmente un Acta de Independencia, se reconoce a Fernando VII pero de manera teórica, porque en la práctica se da un gobierno, la voluntad de convocar un congreso, de hacer una constitución, de sentar una patria, y de una vez adoptar una forma federal.
Los acontecimientos continuaron en una forma precipitada, se sigue la propia dinámica de una revolución; don José María Carbonell y otros próceres muy exaltados, se mantenían durante esos días recorriendo las calles agitando las masas, para mantener viva esa llama. El 29 de julio la Junta Suprema convoca “El Congreso General del Reino”, que tendría la misión de darle al territorio emancipado su primera Constitución. El Congreso General del Reino se reunió el 22 de diciembre, prestó el juramento de “sostener los derechos del rey Fernando VII contra el usurpador de su corona Napoleón Bonaparte y su hermano José; defender la independencia y soberanía de este reino contra toda opresión exterior”.
Como vemos, no se daba una ruptura total con el soberano español.
Basta ya, muchos floreros han de estallar
Y es que esto son los floreros de Llorente como se nombra a todo acto o hecho que dispara acciones de mayor contundencia y significación; son acciones que pueden servir para potenciar y detonar los procesos de liberación popular que se vienen gestando tal vez en el silencio o bajo el aparente manto de la indiferencia, pero que van sumando razones para decir ¡basta ya!
El de Llorente fue motivo de exacerbación de las luchas independentistas que ya se venían gestando con las revueltas y brotes de rebelión de nuestros campesinos del socorro Santander en 1781, de los campesinos e indígenas de Guatarilla en 1800, de los cimarrones y palenqueros en….y de tantas inconformidades surgidas por la represión e ignominia de la corona española, orquestada por los nunca faltantes poderes locales que se pliegan más a los intereses foráneos que a los de su propio pueblo.
Pero los floreros de Llorente no pueden más que ser el detonante, el pueblo pone el acumulado de razones de lucha y son sus conductores, tribunos o líderes, los que tiene que tener la suficiente capacidad y sagacidad para sostener el proceso que se pone en marcha de manera rápida cuando el momento está en su punto. El reto que hoy tenemos los que acompañamos las luchas del pueblo, que mantenemos en alto la bandera de la dignidad, que contribuimos a aligerar los procesos para que sea posible “la felicidad pública”, es, no solo poder encontrar los floreros de Llorente que sean el detonante, sino encontrar las formas que permitan la supervivencia de estos procesos liberadores en el tiempo y el espacio.
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